El comunicador judío revela su decepción ante la indiferencia social y el antisemitismo latente tras el ataque de Hamas, y exige empatía también para los rehenes y víctimas israelíes.
Es uno de los presentadores de televisión y radio más queridos de Francia: agudo, informado y, sobre todo, divertido. Pero ahora Arthur Essebag, estrella mediática de origen judío, presenta su acusación contra Francia. En su nuevo libro, Perdí a un beduino en París, expone el profundo malestar que lo atraviesa desde el 7 de octubre de 2023.
La obra, publicada recientemente, recorre el camino personal que transitó desde aquel día trágico: su decepción ante la falta de solidaridad de colegas y de la sociedad francesa en general, sus visitas a Israel bajo bombardeos, y sus reflexiones sobre el pueblo judío tras la masacre más grave desde la Shoá.
En la introducción del libro escribe:
“Me llamo Arthur Essebag. Siempre los hice reír en televisión. Nunca les hablé de otra cosa, porque creía que no era mi rol. Hasta aquella mañana en que ocurrió lo impensable. Miles de terroristas. Pueblos arrasados. En pocas horas: 1.200 vidas quebradas con brutalidad. Otros fueron arrastrados a túneles, como rehenes. Si el mundo funcionara como debería, habría llorado. Como yo lloré tantas veces por el mundo. Pero ese día, parte del planeta enmudeció. Fue el 7 de octubre de 2023. La mayor masacre de judíos desde el Holocausto”.
“Fue un punto de quiebre, una caída al infierno que arrastró a mi familia, a mis seres queridos, a una inmersión sin aire. Vi en sus ojos mi propio miedo, mi rabia, mi impotencia. Pensé en mi madre. En mis raíces. En esa historia tatuada en mi sangre. Y mi ADN empezó a gritar: dije ‘yo’ y dije ‘judío’. Casi sin querer. Me convertí en una voz, entre el ruido y la mentira. Y escribí. Porque ya no podía respirar. Para sobrevivir. Para transformar el dolor en acción. De mis viajes a Israel, bajo los misiles de Hamas, de los amigos que perdí y los que reencontré, entre lágrimas y risas, nació este libro. Un grito que cruza fronteras. De Tel Aviv a Gaza. Un grito que nos pregunta: ¿dónde quedó nuestra humanidad? Perdí a un beduino en París es mi primer libro. Y ese beduino, al final… soy yo”.
En una serie de entrevistas concedidas en Francia tras la publicación, Essebag habló del profundo malestar que le provocó el “silencio” de la sociedad francesa ante la masacre. En diálogo con France Inter, expresó:
“Es la primera vez en mi carrera que hablo desde lo más profundo sobre lo que sienten los judíos de Francia y sobre el antisemitismo en el país. Ahora tengo 60 años, y decidí hablar abiertamente de mis opiniones y emociones”.
Aclaró que no quiere hablar en términos de “traición”, pero confesó su conmoción ante la falta de empatía de muchos en la industria del entretenimiento hacia los rehenes y asesinados del 7 de octubre, mientras sí expresaban solidaridad con el sufrimiento palestino.
“No debería ser tan difícil pedir al mismo tiempo la liberación de los rehenes y un alto el fuego. No entiendo por qué no pudieron hacerlo”, dijo. “Algunos publicaron cosas terribles contra Israel en redes, pero luego me escribieron en privado: ‘No es contra vos’. El 9 de octubre marchamos en la plaza Trocadero de París para condenar la masacre, y sólo llegaron 5.000 personas. Fue un vacío doloroso. Extrañé a muchos ese día. No entendí ese abandono. Ese silencio fue ensordecedor”.
También se refirió a las acusaciones que recaen sobre la comunidad judía por las acciones militares y políticas de Israel:
“Soy francés y judío, y por ser judío me encontré en el rol de tener que explicar lo que pasa en Gaza o la política israelí. Y eso no tiene sentido. Esa asociación automática. Yo soy francés. No es mi función ser embajador de Israel sólo porque ustedes decidieron que soy ‘el judío’. Mi libro habla de la soledad de los judíos después del 7 de octubre y de lo que sentimos. Creo que la sociedad francesa no es consciente del miedo y las emociones que atraviesan a la comunidad judía. Estudiantes judíos temen ir a la universidad, la gente cambia su nombre en las apps al pedir un taxi, se quitan la kipá o la mezuzá, y miran por encima del hombro al entrar a una carnicería kosher. Recibí miles de amenazas de muerte y me muevo con custodia para mí y mi familia. Pero muchos no tienen protección, y los incidentes violentos son numerosos. La comunidad se repliega cada vez más.”
Essebag también criticó la indiferencia de gran parte de los medios y de la sociedad francesa ante los rehenes, especialmente aquellos con ciudadanía francesa. “Eso me perturbó mucho. Me comprometí a recibir a familias de rehenes y a conectarlas, en la medida de lo posible, con autoridades y personas que pudieran ayudar a impulsar su liberación. Es algo que me toca muy de cerca”.